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viernes, 28 de enero de 2022

UNA FOTO (del recuerdo a la reflexión presente)




Me recordó un amigo mi paso por la Agencia Gubernamental de Control y a consecuencia de la charla recordé esta foto en la que estoy auxiliando a un supermercadista chino que se descompuso durante un operativo de inspección.

Dos cosas me impactaron en ese momento, la primera que ninguno de sus familiares y  compañeros de trabajo se preocupó por asistirlo, lo vieron desvanecerse totalmente indolentes.

La segunda que siendo que estabamos allí elementos de distintas agencias (Migraciones y Policía además de nosotros), ningun agente estatal quería siquiera tocarlo temiendo la incertidumbre de lo que pasara y las consecuencias legales.

Para mí es inaceptable mirar para otro lado o hacerme el distraído. Nunca me gustó el "no te metas".  Lo asistí, hice que se pidiera una ambulancia y me quedé a su lado hasta que llegó el médico. 

El hombre estaba afiebrado, sudaba, presentaba taquicardia y su conciencia parecía ir y venir. En el interín me sorprendió una tercera cosa: no mostraba entender como lógico que alguien lo estuviera ayudando. Distintas idiosincrasias, supongo.

Lo recordaba porque imaginaba la misma escena hoy, en contexto de pandemia, con tanta gente y funcionarios que tiemblan de miedo ante un estornudo y abandonan tanto su libertad como el deber, que es decir su humanidad, para extraviarse mansos en la "moral" de un Estado corrupto gobernado por traidores a la Nación Argentina que nos quieren temerosos, mezquinos y esclavos. 


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

lunes, 8 de noviembre de 2021

LA INTOLERANCIA EN LA MARCHA DEL CUARTO DE ABECEDARIO



Ninguna causa, por buena que sea,
resiste caer en el ridículo cuando se la sobreactúa.



Sostengo, sin ninguna originalidad, que la tolerancia es la principal virtud del liberalismo.

Ahora bien: ¿qué es la tolerancia? La tolerancia es el requisito mínimo de convivencia, aquello que una sociedad puede exigir a sus componentes. Consiste en dejar hacer y dejar pasar (laissez faire, laissez passer) pero no por indiferencia sino por amor a la Libertad y la consiguiente abstención de atacar la autonomía de los otros individuos.

Quien tolera exhibe en sus actos externos una valoración neutra de la conducta tolerada a la que no adhiere ni rechaza, aunque en su fuero interno eso que tolera le cause adhesión o rechazo. Porque quien tolera no es indiferente y tampoco es un hipócrita: para ser tolerante se requieren convicciones que la indiferencia desconoce.

Luego la tolerancia, al no ser indiferencia, tiene por límite lo intolerable. La tolerancia, que es virtud frente a lo que debe ser tolerado, degrada a  indiferencia o cobardía frente a lo que no debe ser tolerado. 

¿Y qué es lo intolerable? Todo aquello que violente la convivencia desconociendo la autonomia del individuo. Así, por ejemplo, es intolerable que Argentina sea gobernada en abierta negación de su Constitución Nacional. Romper ese acuerdo de convivencia elemental es la madre de toda la intolerancia.



Es intolerable la pretensión de hacer del progresismo la religión oficial, es intolerable que se pretenda censurar el pensamiento desde el habla, es intolerable que nos exijan aplaudir lo que no queremos aplaudir, es intolerable que nos conminen a condenar lo que respetamos. Es intolerable no llamar comunistas a los comunistas.

Es intolerable que cualquiera pretenda obligarnos al respeto, porque el respeto no es miedo ni puede exigirse, el respeto es una valoración positiva que se gana, no se ordena ni mendiga. En el sentido estricto de la palabra, ninguna sociedad puede exigir respeto, lo único que puede y debe exigirse es tolerancia. 

Es intolerable tolerar a los intolerantes que subvierten la razón de ser del Estado para imponer la uniformidad de pensamiento en nombre de la libertad, la desigualdad en nombre de la igualdad, el adoctrinamiento en nombre de la educación y toda injusticia en nombre de la justicia. 

El 6 deNoviembre de 2021, tuvo lugar en la ciudad de Buenos Aires la 30ª "marcha del orgullo" del cuarto de abecedario, con la que se exige tolerancia (lo que puede y debe ser exigido) sino la imposición al conjunto de la sociedad de privilegios para minorías hiperactivas (lo intolerable). 

En ese contexto, enrarecido por las sobreactuaciones políticas del proselitismo electoral, kirchneristas y cambiemitas, que es decir totalitarios y progres, vuelven a demostrar que son lo mismo. 

La incipiente recuperación cultural de la Derecha y la proyección del fenómeno Milei, han dado lugar a una suerte de travestismo político que bien pudo llenar con sus vedetongas una carroza para el desfile. 

Ocurre que Ricardo López Murphy pasó de ser mala palabra para los amarillos a ganar en las PASO un lugar en sus listas que los progres no esperaban, y ante el crecimiento de La Libertad Avanza las libélulas progres como Fernando Iglesias (ese que nos llamaba a los liberales "liberalotes", "fachos", "genocidas" y otras lindezas por el estilo sin nunca poder bancar un debate) se arremolinan alrededor del Bulldog fingiendo que hay una gran corriente liberal en Juntos por el Cargo. No la hay. Hay contados liberales, muy pocos, algunos reconocidamente valiosos, y el recuerdo de Pedro Benegas intentado con PRO-Libres insuflar a la progresía ideas liberales. 

Para ser liberal no basta con adherir a algunos ingredientes de la receta económica. “El liberalismo es el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros”, definió Alberto Benegas Lynch (h) y esa frase da sentido filosófico a la concepción, cultural, política y económica del ser liberal.

En la citada marcha se ha exhibido Yamil Santoro diciendo en Twitter que participar de ella significaba ser "liberales posta"; algo completamente falso, porque no se es liberal sirviendo de comparsa a la progresía.


Lo antes dicho respecto a la tolerancia, permite asumir que se puede ser más liberal dejando hacer y dejando pasar aquello a lo que no se adhiere que militando algo a lo que se adhiere. Y esto sin analizar todavía qué es a lo que se adhiere. 

En este punto, deseo subrayar que mis críticas a Yamil Santoro no disminuyen mi aprecio personal por él. El chabón siempre me cayó bien. Tanto que en 2017 al publicar Trilogía de Convicciones lo invité a prologar "Panfleto de Ciudadanía" por ser en mi consideración, al igual que Agustín Laje quien prologó "El Heroísmo y la Gloria", un joven con un futuro político interesante. Que Yamil se definiera como un "liberal de izquierda" no lo desmerecía en mi consideración pues yo soy un gran admirador de George Orwell, un liberal de izquierda. Porque Orwell, para mí, es un alto ejemplo de honestidad intelectual. Y este es el punto en el que quiero llamar la atención del todavía joven Yamil: se puede ser un liberal de izquierda, pero no se puede ser un liberal progre, porque la progresía es la deshonestidad con que encarna en idiotas útiles la hipocresía comunista.  

Dicho esto, retomo el hilo y paso a analizar lo que se militaba en la marcha del cuarto de abecedario. 

De movida es un llamado de atención que Alberto de la Fernández, seudo presidente del gobierno títere, golpista, corrupto, criminal y comunista que subvierte el orden constitucional se congratule porque: "La bandera LGBTI+ flamea en todo el país con grandes motivos de celebración. Después de tanto, vuelve a las calles un colectivo que tiene nuestro compromiso con seguir trabajando por una sociedad más justa, libre e igualitaria".

Obviando lo que significa que un "presidente" se alegre por ver flamear un trapo de facción que ni siquiera representa a todos los que presume de representar, creyendo ver ahí la justicia, libertad e igualdad que sólo puede representar la Bandera Nacional, está claro que el plan de gobierno es privilegiar minorías funcionales a la confusión que sigue empujando la decadencia para no resolver ningún reclamo real de la sociedad. Que son muchos, evidentes y urgentes.

Como parte de esa confusión que el gobierno kirchnerista busca profundizar, los militantes K llevaron su intolerancia al evento, montando una especie de juego de kermese incitando al odio hacia los que no comulgan con los postulados de la asociación ilícita. 


Y esto no es nuevo. Por lo tanto tampoco es la infeliz ocurrencia de algunos desubicados. Hicieron lo mismo años atrás montando un "escupitódromo" frente al Congreso al que llevaban niños a escupir retratos de opositores. Esa intolerancia define al kirchnerismo, y también -desde su impune instalación- descubre la intolerancia y el resentimiento que domina a las organizaciones concurrentes a esta marcha del cuarto de abecedario. 

El Estado nacional, los estados provinciales y la ciudad autónoma de Buenos Aires malgastan en imponer el progresismo a través del adoctrinamiento en la ideología de género recursos, que se retacean a problemáticas reales. La consecuencia lógica de eso es la prepotencia de los militante del prvilegio. 

Y ahí, en esa intolerancia exacerbada para subvertir los valores del orden constitucional argentino, se puede apareciar la comunidad de intereses espurios que unen al kirchnerismo con el PRO, que gobierna la Ciudad de Buenos Aires.


Así, un evento sostenido por el Estado se convierte en un carnaval de intolerancia para atacar a la oposición política. Que en la instalación callejera de una enorme pantalla el locutor del evento pida abuchear a los candidatos de AVANZA LIBERTAD y La Libertad Avanza, mencionando expresamente a José Luis Espert y Javier Milei, resta toda posibilidad de considerar tolerantes a los organizadores de la marcha del cuarto de abecedario, porque no son más que otro mecanismo del sistema de oprobio con el que se afirma el poder de la casta política. 

Esta simple mención de algunos hechos descalifica por completo al radical Martín Tetaz en su intento de hacer pasar por virtuosa a la intolerancia. Tetaz es muy hábil -genial diría- para dar golpes de efecto mediáticos en la puja proselitista, pero sus hechos lo confirman como otro radical que bien podría ser candidato en la lista del Frente de Todos que encabeza su correligionario Leandro Santoro.

Y es que dos o tres propuestas de racionalidad económica no definen a un liberal. Porque un liberal no puede ser cómplice de la intolerancia y decir "celebramos el derecho a que cada uno haga lo que se le canta con su vida, mientras no joda a los demás".  La argumentación de Tetaz es deshonesta, ya que no puede desconocer el sentido de imposición que se le está dando a la ideología de género.
 

La falacia de Tetaz es todavía mayor cuando bien embanderado de progres se ofuzca frente a las críticas que recibió su apoyo al acto intolerante diciendo  que "demuestran que falta mucho y que el Estado tiene que seguir trabajando para defender esa libertad". 

Palabras huecas de todo sentido, porque lo que en verdad se estuvo militando en la marcha del cuarto de abecedario fue:

1.- Privilegios para minorías hiperactivas en perjuicio de la igualdad ante la ley.

2.- Uso adoctrinante y faccioso de los recursos del Estado. 

3.- Intolerancia a todo pensamiento independiente.

Lo que los cambiemitas hicieron ahí fue kirchnerismo explícito; otra vez.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.
 

lunes, 9 de agosto de 2021

EXPERIMENTO VACUNAS O LA VOCACIÓN DE LOS COBAYOS





Los medios bajan un discurso uniforme respecto a vacunarse, y ahora empiezan a señalar a quienes no se vacunan como un peligro social. Quieren que haya "pasaportes sanitarios" o distintivos de tradición infamante para aislar o marcar a no vacunados. 

Y yo, que no soy quien para opinar si las vacunas (experimentales todas ellas) son o no efectivas, tengo dudas. Y como cada vez que tengo dudas, resuena en mi recuerdo la voz de Aldo Rico diciendo: "La duda es la jactancia de los intelectuales". Me encanta esa frase y el modo en que lo dijo. Pero no hay debate. Hoy pareciera que la jactancia no se permite la duda y pasa por mostrarse uniformado, monolítico, abrazado a la "verdad" de los que reclaman obedecer gobiernos sacrificando libertades. Como no me gusta sentirme ganado corriendo en tropel cuando todos corren, ni desfilar resignado a que otros decidan al paso lo que sea sobre mí, mucho menos cuando el argumento es el miedo; dudo.

Porque si bien tengo pocas luces, traigo encendidas las de alarma. Digo esto y no presumo de rebelde ni valiente, digo solamente que el Himno Nacional empieza diciendo "Oíd mortales" para enseñar luego que vivir sin Libertad no es vivir. ¿Miedo a morir? Natural, tanto como la muerte para los mortales. ¿Y por qué desconfiar de un gobierno tan "honesto" como el que padece hoy la Argentina? Por sentido común, claro. ¿Quién gana tomando decisiones apresuradas en base al miedo? Quien fomenta el pánico, seguramente. 

Es raro además, para mi percepción, que el afán de vacunar aumente la insistencia del disciplinamiento social con medidas restrictivas de la Libertad a sostener incluso luego de la vacunación. Tan raro como la vocación de los cobayos despertada en buena parte de la población.

Escuché decir a un médico en TV que las nuevas cepas surgen de no vacunados. ¿Sí? Yo que no sé, no digo que no sea, pero sí digo que me parece raro.

Hay otros médicos que aconsejan no vacunarse, hay también científicos que dicen que las nuevas cepas son producto de la vacunación, pero nada de eso se debate en los medios. Ni siquiera las redes sociales son alternativa a esa pretendida "verdad absoluta". Hay una censura evidente.

No se habla abiertamente de posibles efectos futuros, como si la historia médica fuera amnésica al antecedente de la talidomida y los nacimientos con malformaciones que derivaron de su uso. 

¿Es mucho pedir que se debatan distintos criterios científicos de modo que los que no tenemos conocimientos específicos podamos clarificar las dudas? 

¿O simplemente tenemos que obedecer? 

¿Qué clase de verdad es la que no puede debatirse?

¿Es ciencia o fe?

Lo que planteo son dudas. La dudas de alguien que reconoce no saber. No soy antivacunas. Claramente no, porque hasta esta pandemia tenía entendido que las vacunas te inmunizaban. Y por eso han servido tan bien a la humanidad.

¿Inmuniza esta vacuna?


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

martes, 27 de abril de 2021

MILITARES FRANCESES REACCIONAN POR FRANCIA ¿Y LOS ARGENTINOS?




Mientras los argentinos nos seguimos comportando como una tribu de subnormales tutelados por el muñeco a hilo de una bipolar, día a día se profundiza la infeKtadura y la reacción republicana no aparece. 

Y ya que nadie lo dice lo digo yo: sobran razones para alzarse contra este gobierno corrupto golpista y criminal que ha dejado sin efecto la Constitución Nacional

Pero que yo lo diga y que lo fundamente no significa gran cosa, no soy una voz que resuene en la conciencia de los argentinos, sino apenas un murmullo más de tantos que se filtran por algunos teléfonos y a través de las redes sociales, desde artículos de mis blogs o la columna Claves de la Seguridad en el diario La Prensa. 

El pasado 22 de Abril se publicó en Francia una carta con la que 20 generales, un centenar de oficiales superiores y más de mil militares hicieron un llamamiento para que la clase política vuelva al honor y al deber. La elevaron al gobierno francés, declarando estar hartos de vacilaciones y silencios culpables ante la desintegración nacional, porque "ya no es tiempo de procrastinar, de lo contrario, mañana la guerra civil pondrá fin a este caos creciente, y los muertos, de los que ustedes serán responsables, se contarán por miles".

Ese acto merece una reflexión argentina. 

En Argentina la idea de la "Mesa de Encuentro Libertador General San Martín", que pretendía instalar temas de Defensa, se disolvió apenas el gobierno amagó represalias. 


En la estampida sólo el Comandante General de la Gendarmería Nacional (RE), Veterano de la Guerra de Malvinas Jose Ricardo Spadaro, y algún otro, se plantó firme a defender su posición.

La vergüenza de un Ejército Argentino incapaz de sostener un tuit (lo que exime de comentar su moral de combate), más la profundización de la infeKtadura que el 19MAR20 dio un golpe de Estado contra la Constitución Nacional, evidencia el desacierto de haber levantado esa mesa y la cobardía del silencio.

"Cuando la prudencia está en todas partes, el valor no está en ninguna", recuerda la carta de los militares franceses al gobierno de Francia, y al leerla uno no puede dejar de advertir, con rabia de indignación cívica, que aplica en forma elegante para la cobardía local.

Ocurre que cuando con toda racionalidad señalan los militares franceses, ante al contexto y situación de Francia, que: "todo francés, sea cual sea su creencia o su no creencia, está en su casa en cualquier lugar de Francia; no puede ni debe haber ninguna ciudad o barrio donde no se apliquen las leyes de la República", nadie con un mínimo de sentido común puede dejar de extrapolar esa frase a la realidad argentina, donde hasta un orden jurídico primitivo como el Az Mapu, esgrimido por el etnonacionalismo "mapuche" que fomenta la izquierda, parece tener más fuerza que el Derecho Argentino.

No por casualidad en Argentina hay militares que siendo héroes de dos guerras, habiendo sangrado por la Libertad de sus compatriotas y la dignidad nacional, están privados de su libertad; ante la indiferencia civil y el atroz olvido de sus camaradas en actividad.

Entonces decir lo racional, que por definición exige no mayor audacia, requiere aquí un valor descomunal. La cultivada idiotez vernácula se escandalizaría, desde el quejido zurdo progresista apátrida y acobardando todavía más a los muchos confundidos, si militares argentinos se pronunciaran diciendo: "todo argentino, sea cual sea su creencia o su no creencia, está en su casa en cualquier lugar de Argentina; no puede ni debe haber ninguna ciudad o barrio donde no aplique la Constitución Nacional". 

El régimen kirchnerista no tiene nada de democrático porque es un proyecto totalitario funcional a la tiranía castrista, ha impuesto a la sociedad la censura de muchas voces a fuerza de desmemoria, falseamiento histórico y adoctrinamiento a través del uso faccioso de los recursos del Estado. 

¿Dónde hay una voz valiente hoy en Argentina? ¿Dónde el político que llame a la rebelión? ¿Dónde un Mitre o un Alem? ¿Dónde los militares que juraron defenderla hasta perder la vida? ¿Donde los abogados que juraron defender la Constitución Nacional? ¿Dónde estamos vos y yo?

Aquí se murmura, pero no se grita. Y no alcanza con los murmullos de unos cuantos, porque como canta Loquillo en "Antes de la lluvia":

"...la peor palabra, es la que no,
la que no se dice,
pactar con el silencio,
cuando debemos gritar,
nos hace cobardes".

La Nación Argentina surgió peleando, con el coraje a Patria o muerte de los que cantaban el Himno de los libres al humo del cañón. 

Hoy agoniza sin pena y sin gloria, necesita ciudadanos y soldados, patriotas que le devuelvan su esencia, decencia, honra y destino.


¡CONSTITUCIÓN O MUERTE!


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha, 
un liberal que no habla de economía.

miércoles, 21 de abril de 2021

CIUDADANÍA Y ESTADO DE SITIO


Quinta de Olivos, 17 de Abril de 2021,
protestando contra el inconstitucional toque de queda.


El estado de sitio es una herramienta constitucional prevista para situaciones de excepción por los constituyentes, muy distinta de un arbitrario "vale todo gubernamental".

Y no necesariamente significa tanques y soldados apresando gente por la calle.

Representa la declaración del estado de sitio el reconocimiento de una situación grave y la voluntad de las autoridades constituidas de acatar y sostener, bajo cualquier circunstancia, el imperio de la Constitución Nacional.

La fantasía morbosa con que la izquierda atemoriza a la estupidez progre, es que durante el estado de sitio los que asumen el gobierno son los militares para que, como fuerzas represoras, ejecuten masacres. 

Esa idiotez es argumento del régimen para no declarar estado de sitio.
La verdad es que durante el estado de sitio no cambia de mano el gobierno. Tampoco resulta imprescindible  un rol activo del elemento militar para que pueda implementarse. Y menos aún provoca a la violencia. 

La declaración del estado de sitio afirma el Derecho, no lo niega.

Lo que sí niega el Derecho y debe violentar a los ciudadanos, es que un gobierno se tome atribuciones que los constituyentes no le dieron y pretenda, por su sola voluntad, transformar toda libertad en una gracia concedida.

Como ciudadano, la declaración del estado de sitio me estaría diciendo que el gobierno se mantendrá dentro de los límites de la Constitución Nacional, por lo que la excepción no será más que eso: algo excepcional y pasajero a lo que debo brindar mi acatamiento.

No existiendo esa declaración por parte del gobierno, como ciudadano debo resistir cualquier medida gubernamental que suponga una excepcionalidad al margen de lo dispuesto por los constituyentes, como este inconstitucional toque de queda que se pretende desde el 17ABR21.


No hay ninguna justificación para conceder al gobierno facultades extraordinarias por mera ocurrencia de una situación sanitaria.

Es suicidar la República y las libertades individuales convalidar la mala fe de un gobierno subversivo.

Analizar la razón por la que el gobierno nacional omite declarar el estado de sitio para suspender derechos y garantías reconocidos por la Constitución Nacional, es una cuestión central para discernir si los argentinos transitamos la situación sanitaria calificada como pandemia bajo Estado de Derecho o bajo infeKtadura. 

Argumenta el gobierno y sus partidarios que ante la propagación del coronavirus se deben dictar medidas coercitivas y limitantes del ejercicio de los derechos constitucionales para el cuidado de la población, pero que estas no exigen de la declaración del estado de sitio para poder implementarse. 

Lo problemático del caso es que la Constitución Nacional es taxativa, y enfáticamente clara, restringiendo a dos casos las situaciones en que pueden suspenderse las garantías que hacen a su estilo de vida, es lo que establece la primera parte del Artículo 23: “En caso de conmoción interior o de ataque exterior que pongan en peligro el ejercicio de esta Constitución y de las autoridades creadas por ella, se declarará en estado de sitio la provincia o territorio en donde exista la perturbación del orden, quedando suspensas allí las garantías constitucionales”. 

Resistiendo con Juan Bautista Alberdi.

Estaremos de acuerdo en que, por sus efectos evidenciados en todo el mundo, la pandemia de Covid, califica como “conmoción”, ya que altera la normalidad del diario vivir sin circunscribirse a límite geográfico o político alguno. Como no hay evidencia fehaciente que su origen y propagación sea intencional, en principio y en mérito a la brevedad cabe descartar el calificar a esa conmoción como “ataque exterior”. 

Centrados pues en la hipótesis de la “conmoción interior”, corresponde considerar el requisito que define la gravedad de esa conmoción para justificar la declaración de estado de sitio; esto es que ponga en peligro el ejercicio de la Constitución y de las autoridades creadas por ella. 

Se sostiene, en respaldo del gobierno, que ese requisito no se cumple porque la enfermedad no implica el peligro descripto. Ahora bien: si la pandemia no pone en riesgo el ejercicio de la Constitución y las autoridades creadas por ella, ¿por qué necesitó el gobierno tomar medidas coercitivas que limitan al conjunto de los habitantes el ejercicio de derechos constitucionales en lugar de brindar meras sugerencias para el cuidado de la salud? Es un hecho, irrefutable, que ya se ha visto afectado el ejercicio de la Constitución.

Y si acaso la pandemia fuera tan grave como para obligar al buen y moderado gobierno a la ingrata necesidad de dictar medidas paternalistas de tinte autoritario, pues estaría en juego ni más ni menos la vida de los argentinos, ¿no estaría demostrando esa citada gravedad y necesidad que en la proyección de la enfermedad, acarreando miedo y eventualmente muerte, hay un riesgo real para la gobernabilidad? Obviamente sí. Y todas las medidas coercitivas dictadas por el gobierno así lo demuestran. Casi al nivel de un gobierno que gestiona mal, la conmoción interior que genera una pandemia también puede evolucionar hacía el pánico, los desbordes y la anarquía. 

Resistiendo con Julio Argentino Roca.

El periodismo debiera esclarecer a la opinión pública estas cuestiones, y no ser parte del aparato de propaganda del régimen. Si el gobierno no declara el estado de sitio para suspender las garantías constitucionales es porque deliberadamente elige no hacerlo. ¿Cuál es la razón para no hacerlo? Que el proyecto totalitario en el poder aborrece los límites que hacen al sistema republicano de la Constitución Nacional. Al no declarar el estado de sitio, el gobierno se coloca por encima de la Constitución Nacional, de esa forma anula a la ciudadanía y degrada todo derecho a la categoría de gracia que concede o no según su capricho: circular, trabajar, estudiar, etc.

Ninguna pandemia, sin importar lo grave que sea, modifica por sí el orden jurídico, mucho menos confiere poder constituyente al poder constituido. El 19 de Marzo de 2020 el kirchnerismo dio un golpe de Estado contra la Constitución Nacional, avalado por la cobardía de la oposición parlamentaria y la deserción infame de la CSJN, que no exigieron la indispensable declaración del estado de sitio para suspender garantías constitucionales. Y desde el 17 de Abril de 2021 la segunda ola de la infeKtadura cae sobre la confusa conciencia de los argentinos, con la estrambótica forma de toque de queda. 

Finalmente, es cierto que países serios y democráticos también toman medidas duras que restringen la Libertad, pero la sutil diferencia es que esos gobiernos no pretenden estar por encima del Derecho, y para el caso en que se extralimitaran hay jueces en la capital de todas esas naciones; que no los hay en Buenos Aires.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

jueves, 25 de febrero de 2021

MUY BREVE REFLEXIÓN SOBRE EL SIGNIFICADO DE TENER UNA CONSTITUCIÓN



Gorostiaga, Leiva, Gutierrez, Ferré y los demás Constituyentes de 1853 eran hombres dotados de conocimiento y sentido común, sabían que la Constitución Nacional no significaría el fin de los problemas, en consecuencia previeron días difíciles y las peores circunstancias.

De haber creído que dictar el texto constitucional garantizaba la panacea de una interminable sucesión de días felices, no hubieran previsto situaciones tales como la guerra, el ataque exterior, la conmoción interior o el juicio político, etc. 

Por eso previeron opciones duras. Obligaciones ciudadanas como la de armarse, o dar facultades al PEN para dictar el estado de sitio, demuestran la previsión de las peores dificultades. 

Es decir, que pensaron una Constitución cuyas reglas aplican bajo cualquier circunstancia por imprevista que parezca.

Dejaron un muy surtido conjunto de herramientas para hacer frente a cualquier dificultad sin salir de los márgenes constitucionales. 

Por eso es un absurdo, que revela la miseria intelectual de la Argentina presente, que se crea que una pandemia modifica el orden jurídico.

Ninguna pandemia, incluso una que tuviera una alta mortalidad y no el muy bajo porcentaje del Covid, deja de ser más que una mera situación sanitaria. 

Repito y enfatizo: aunque fuera el caso de apilarse cadáveres en las calles.

Que a partir del golpe de Estado K del 19 de Marzo de 2020 el gobierno haya pretendido legitimar su abuso de autoridad con la excusa de la pandemia, y que ello haya sido tolerado por la CSJN y la "oposición" parlamentaria, ofende la memoria y razón de los constituyentes.

Luego está la imbecilidad de quienes creen que la Constitución Nacional es mala porque no se cumple y entonces pregonan que hay que cambiarla. 

¿Cambiar la sabiduría de los constituyentes fundadores por otro rejunte de mamarrachos como en 1994?

No. Ni ahí.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

MALVINAS COMO CRISTAL DE LA PATRIA




Malvinas es acaso, hermosa palabra la palabra “acaso”, el mejor cristal para evaluar la realidad argentina.

La derrota militar, graficada en aquella triste foto de los cascos dejados sobre la turba, no significó el renunciamiento a la aspiración de integrar soberanamente el territorio nacional.

Recuperar territorio usurpado por una potencia militar es uno de los mayores desafíos que puede enfrentar cualquier Nación, porque obliga a pensarse en términos de fortalezas y vulnerabilidades. Aquí no caben las bravatas emocionales ni el sentimentalismo milagrero del realismo mágico, la única verdad es la realidad y la política es el arte de lo posible por lo que en función de ella se decide cualquier estrategia.

Fue Mariano Grondona, a quien tuve por profesor de Derecho Político en la UBA, quien en su libro “La Argentina como vocación” planteó crudamente el significado de la Guerra de Malvinas como una deuda con aquellos que dejaron su vida en el combate. “Si empujamos decisivamente hacia adelante a la Argentina, la vida y la muerte de todos aquellos adquirirán sentido. Si no lo hacemos su vida y su muerte serán vanas. ¿Se quiere una deuda más pesada que ésta?”, sentencia Grondona. Y aunque yo crea que la exigencia de ese llamamiento de la Patria no consiste en que esas muertes adquieran sentido sino en evitar que lo pierdan, el razonamiento de Grondona es preciso en conducir atemporalmente a la pregunta clave que nunca debemos dejar de formularnos: ¿estamos hoy más cerca o más lejos de Malvinas que en 1982?

Pues estamos muy lejos, cada vez más lejos de honrar esa deuda con nuestros caídos. Y eso es así por una sencilla razón: no somos un país serio ni estamos intentando serlo.

Así como son serias las personas que honran su palabra armonizando lo dicho y lo hecho, los países son serios cuando honran sus propias leyes. Y cuando esas leyes son sabias, como la Constitución de 1853, eso los hace predecibles y confiables. Racionales, para decirlo en una sola palabra.

Alcanzar objetivos nacionales requiere políticos racionales y Argentina no los tiene. La dirigencia política ha ido mutando a casta desde 1983. Desde el retorno al imperio de la Constitución Nacional se ha ido diluyendo el idealismo y la esperanza en una democracia de muy baja intensidad, que sólo sirve como mero cronograma electoral destinado a dar un barniz de legitimidad a los privilegios de la casta gobernante.

Y esta casta política, enteramente incapaz de velar por otra cosa que no sea su mezquina conveniencia de corto plazo, encerrada en fantasías épicas de frasco de mayonesa, depravada al extremo de generar pobreza para lucrar con ella, no quiere ni puede ofrecer racionalidad a la Patria.

Así las cosas, Malvinas como causa nacional es hoy un sentimiento al garete. Escribo esto y sé que muchos se enfadarán conmigo. Pero es verdad. Puede haber distintos caminos, más solamente una sola dirección para encontrar solución a los problemas del país: la racionalidad de vivir bajo la irrestricta supremacía de la Constitución Nacional.

Si como ciudadanos no somos capaces de organizarnos para generar alternativas al predominio de la parasitaria casta política, no habrá futuro de algo que honestamente pueda llamarse República Argentina.

Así está hoy la Patria, muy lejos de Malvinas. Y alejándose hasta de sí misma.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía. 

viernes, 4 de octubre de 2019

SI YO FUESE DE IZQUIERDA


Algunas mujeres quieren prohibir los concursos de belleza por las mismas razones que un flacucho como yo argumentaría contra las exhibiciones de fisicoculturismo... 

En ello radica la fealdad moral de la izquierda con la que -desde la mediocridad resentida- se pretende imponer la chatura de una igualdad matemática, artificial e inhumana. Porque el sentimiento que prima en el izquierdista es la envidia, y el único modo que se le ocurre para dominarlo es eliminar aquello a lo que envidia. 

Esa es la lógica de la izquierda, que lleva millones de muertos intentando la reingeniería para el "hombre nuevo", que a la postre no es tal sino una monstruosa mezcla de autómata y bestia. 

La igualdad para la Derecha es solamente la igualdad ante la ley, sin privilegios de casta, ni de ninguna clase. Una igualdad humana, que reconoce las diferencias al no ponerle un techo al potencial de cada quien. En esas diferencias a veces salimos beneficiados y a veces perjudicados; así es la vida.


Veamos un ejemplo: Si con mi casi metro noventa fuese de izquierda, me hubiese victimizado en el Carrefour aduciendo sentirme discriminado porque la tabla, para calcular por altura el rodado ideal de la bicicleta, terminaba en el rodado 26 que no contempla a los que medimos más de un metro ochenta.

Si yo fuera zurdo iniciaría una campaña para que un montón de progres se solidaricen conmigo y todos juntos nos encargaríamos de hacer que mi problema se convirtiera en un problema para todos. Algo que hacen todo el tiempo. 

Así, y porque nunca faltan legisladores dispuestos a ser generosos con la de los demás, obligaríamos a los comercios a tener rodados estrambóticos y a precios económicos, subsidiados por el Estado, para poder jactarnos de estar construyendo una sociedad inclusiva. 

Pero lejos de caer en ese desquicio, como soy de Derecha prefiero reírme; tomarme una foto para divertir a mis amigos y no joderle la existencia a nadie.

Cuando se es de Derecha la vida es más simple, para uno y los demás. 

La razón también es simple, no es cuestión de altura o belleza física sino de altura y belleza moral: la naturaleza y la Libertad nos hacen distintos, también nos hacen únicos. Y ciertamente, no se llega a la felicidad bajo la guía de la envidia. 


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha, 
un liberal que no habla de economía. 

sábado, 2 de marzo de 2019

ESBOZO DE REFLEXIÓN SOBRE LA GUERRA CIVIL, una hipótesis posible.




Las guerras civiles se han sucedido a lo largo de la historia por distintos motivos. Una de sus razones es la existencia y puja, en el seno de un mismo Estado, de dos estilos de vida incompatibles. 

Clásico ejemplo de ello son la Guerra de Secesión en los Estados Unidos (1861-1865) y la Guerra Civil Española (1936-1939). 

Especialmente en la primera de ellas la disputa entre dos sistemas se definió en forma tajante, dando a todo el país la impronta dominante en la Libertad del norte industrial por sobre el sur agrícola y esclavista. Dicho esto, compréndase que aquella cultura derrotada no colapsó completamente sino que se fue deshaciendo en el tiempo, en forma lenta pero irreversible.

Argentina, en cambio, ha tenido desde su Independencia una continuada guerra civil fragmentaria e intermitente de resultados no categóricos. Nuestra propia Constitución Nacional, secesión de Buenos Aires mediante 1853-1860, significó un acuerdo intentando fusionar ideas de unidad y federalismo. Esa parte de nuestra historia, con ese final negociado, demuestra quizá que la discusión siempre pudo resolverse en términos pacíficos desde que en rigor de verdad no había verdadera oposición entre dos estilos de vida incompatibles. Y ello, a pesar de la famosa frase de San Martín sobre la necesidad de hacer desaparecer uno de los bandos en pugna.  

A lo largo del Siglo XX nuestro país fue escenario de escaramuzas, combates y distintos escenarios de guerra, nunca asumidos abiertamente como una guerra civil desde la pretensión de no dejar vencedores ni vencidos. Incluso durante los años de plomo, con el país bajo ataque de las organizaciones terroristas dirigidas desde Cuba por la tiranía castrista, se intentó desconocer lo que esa intervención extranjera en asuntos argentinos tenía de guerra civil; por lo que  posteriormente se llegó a juzgar actos de guerra como actos delictivos, extrañados de su contexto real y de las garantías del debido proceso penal que impone nuestra Constitución Nacional. 

El Siglo XXI se inició con la crisis que dejó a la República Argentina bajo 12 años de régimen kirchnerista, intentando y logrando socavar tanto la vigencia de la Constitución Nacional como el estilo de vida propiciado por ella.

Bajo ese gobierno comunista, malamente disfrazado de peronista, se empezó a cavar una larga trinchera en la Argentina (algunos prefieren llamarla grieta) entre dos estilos de vida totalmente incompatibles, que implican un profundo abismo moral a la hora de diferenciar el bien del mal. 

Tenemos así, de un lado, a quienes desean vivir de su trabajo, porque creyendo en valores tradicionales de Patria y Libertad conservan el sentido de la honestidad que aborrece el robo. Y enfrente, a otros que exacerbados por los doce años de adoctrinamiento y control social del régimen kirchnerista, sosteniendo todas las banderas de la izquierda que configuran el Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano, creen que robar está bien y pretenden vivir a expensas de los honestos.

Cuando no hay acuerdo posible para distinguir en conjunto el bien del mal, ¿qué sentido tendría la negociación entre partes? No sería aceptable negociar una moderación al afán de robo, porque cualquier acuerdo sería aceptar la sumisión de los buenos a los malos. Y los malos, se sabe, son insaciables... van por todo y prometen vengarse. Como ya lo han dicho. 

Esa es la disyuntiva que tiene hoy por delante la Argentina, lo que en trazos generales abre tres opciones: 

1) Nos sometemos a ser esclavos, por miedo a irritar a los rojos, mientras cabizbajos repetimos sus mentiras, empezando por esa de los 30.000 desaparecidos, dejando que se salgan con la suya.

2) Los enfrentamos en el terreno político, desde la convicción republicana y constitucional que, a fuerza de provocar grandes tensiones sociales imponga el orden, sin amedrentarse por ninguna amenaza o reacción de su parte. 

3) Dirimimos la cuestión a los tiros, en una abierta y franca guerra civil.


Entiéndase que este breve artículo es fiel al título, simplemente un esbozo de reflexión sobre la guerra civil como una hipótesis posible, por lo que lejos de ser concluyente es un inicio de debate; apenas un señalamiento del grave problema que tenemos los argentinos. Desde luego, sería más fácil censurar estos pensamientos, como tantos hacen, pero en la cobardía del silencio se abre el camino a los peores escenarios. No por evitar hablar se evitan los males. Mucho menos cuando hay fulanos que intentan amedrentarnos con provocar supuestos ríos de sangre o ser "el doble de hijos de puta", mientras se manifiestan alineados con Maduro. Así las cosas, es un deber de honestidad intelectual ofrecer la debida advertencia para que nadie juegue al distraído. 


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.






sábado, 2 de febrero de 2019

MIGRACIÓN E IDENTIDAD


Que haya un gobierno comunista en Bolivia y que niegue atención médica a los argentinos, nos demuestra algo que deberíamos tener claro: todo comunista es enemigo de la Argentina.


No somos ni seremos rojos; somos -a pesar de nuestra larga y constante confusión durante las últimas décadas- un pueblo con vocación de Libertad, fundado por ella y para ella desde que Don Vicente López y Planes escribió el Oíd Mortales!

Por eso los argentinos no podemos responder al comunismo en términos de odio y barbarie que nos degrade a su nivel.

Consecuentemente repudio toda expresión que busque promover y justificar agresiones a residentes bolivianos por causa del comunista Evo Morales.

El nuestro es constitucionalmente un país de fronteras abiertas. Y ese es un orgullo nacional que reflejan la mayoría de nuestros apellidos, llegados de todas partes del mundo.

Todo el que entre por la puerta, legalmente, y respete nuestro Derecho (ese mismo que -seamos honestos- tanto nos cuesta respetar a nosotros mismos) debe ser bienvenido. No el que entre por la ventana, no el que viene a delinquir, como permitió y fomentó el kirchnerismo en su dékada infame haciendo que el país pierda toda racionalidad.

Sería traicionar nuestra identidad creernos que los bolivianos que como mano de obra o profesionales en distintos ramos trabajan en Argentina son el problema.

Porque el problema nunca es el inmigrante sino el país al que llega. Y si nosotros no somos capaces de regirnos por la irrestricta supremacía de la Constitución Nacional, sino que al contrario hacemos del país un vale todo, eso mismo verán los que llegan: y entiéndase que el sentido de la frase "al país que fueres haz lo que vieres" es literal.

Entendamos de una buena vez que todos, absolutamente todos los problemas que padece la Argentina, derivan del problema principal que son muchos argentinos negados a vivir bajo la irrestricta supremacía de la Constitución Nacional. Y gobiernos demagógicos surgidos de una misma casta política que no hacen ningún esfuerzo por alcanzar y sostener el estilo de vida propiciado por la Constitución Nacional.

Seamos mejores, seamos racionales, luchemos por la irrestricta supremacía de la Constitución Nacional, siempre y en cualquier circunstancia.

Exijamos represalias contra el gobierno comunista de Evo Morales, no contra los bolivianos que habitan suelo argentino.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha, 
un liberal que no habla de economía.

jueves, 27 de diciembre de 2018

¿QUÉ CLÓSET? LOS LIBERALES ESTAMOS EN EL CAMINO.


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El escenario político argentino, como el país mismo, no puede leerse en forma lineal. Sería bueno que así fuera, pero la estricta coherencia se perdió hace mucho tiempo. 

Alejandro Bongiovanni en Visión Liberal publica la nota que titula: "Olmedo: una opción para quienes se autoperciben liberales", la cual merece algunas reflexiones.  

Desde el título nos dice el autor que están los liberales y los que nos percibimos tales pero apoyamos a Olmedo, a los que finalmente nos invita a salir del clóset para que nos asumamos como "nacionalistas cristianos". Con criterio paradojal podría contestar que hay liberales y liberales de fundación, y que estos últimos a lo mejor son una de las razones por las que el liberalismo luego de la UCEDE no tiene un partido político que le de representación, es decir no hay nada más encerrado en su clóset que algunos liberales de fundación. Así que agradezco la invitación para salir del clóset, pero este liberal no es de fundación y por ende nunca estuvo en ese clóset, soy un peregrino: lo mío es el camino. 

En cuanto al análisis de los proyectos presentados por Alfredo Olmedo como diputado, sólo tienen un valor anecdótico a partir del Proyecto Olmedo Presidente. 

Y ello es así porque hace a la realidad política argentina entender que no existen candidatos ideales, todos los nuestros -todos- tienen más fallas que virtudes, pues nuestra sociedad, dañada en lo institucional, degradada en lo cultural y con marcada merma intelectal, tiene a esta altura de la historia más fallas que virtudes. 

Entonces, por tan simple razón, lo importante es cuál de esas pocas virtudes vamos a privilegiar al momento de elegir entre los candidatos reales. 

Para dejarlo en claro: Si pudiera elegir el candidato ideal estaría votando para Presidente, por ejemplo, un perfil similar al que en los Estados Unidos representaba desde el Partido Republicano John Mc Cain. 

Sí, me encantaría poder votar en Argentina al que sería mi candidato ideal: un héroe de guerra, exitoso en la empresa privada, eficiente en la gestión pública, republicano, austero, comprometido con la irrestricta supremacía de la Constitución Nacional y los valores fundantes de la Nación Argentina. 

Pero, ¿saben qué? Papá Noel no me lo dejó en el arbolito...



Claro, todavía quedan los Reyes Magos. Un poco de pasto y agua, por ahí me lo dejan en los zapatos, o mejor dicho: en mis viejos borcegos que todavía guardo. 

Tampoco descarto dar con la Lámpara de Aladino. Ahora bien, aunque soy el que escribió "Adiós Manuela, adiós", por lo cual entiendo el placer de frotar la imaginación, la política argentina está muy lejos de Mayo del 68 para postular llevar la imaginación al poder. 

La realidad es como es;  "la única verdad", decía el General. 

Del centro a la Derecha nadie va a votar a la izquierda, que incluye al kirchnerismo como totalitaristas comunistas mal disfrazados de peronistas. Y CAMBIEMOS hace un esfuerzo tan grande por evitar el cambio que votamos en 2015 como grande es su esfuerzo por  ungir el progresismo en nueva religión oficial. Por fuera del mal absoluto y sus variantes progresistas, nos quedan reducidas opciones, algún peronismo de nueva reconversión aún no del todo definido (que podría ser Urtubey), José Luis Espert y Alfredo Olmedo. 

Podría decir al respecto que apoyo al Proyecto Olmedo Presidente porque el espacio político en el cual milito, desde el Partido Autonomista de la Provincia de Buenos Aires, ENCENDER (Encuentro de Centro Derecha) así lo ha decidido. Y esa es una buena razón, pero no la única. 

Las razones de íntima convicción por las que adhiero al Proyecto Olmedo Presidente son positivas, esto significa que no es por descarte, ni mucho menos por descalificar a Urtubey, a Espert o a quienes voten por ellos. Al contrario, veo eventuales aliados en esa intención de cambio a lo presente.

Alfredo Olmedo, como candidato posible, representa la batalla frontal contra el progresismo cultural y sin dar ese buen combate es imposible que Argentina recupere algo de racionalidad. Esa es la virtud que estimo debe privilegiarse.

Ningún otro candidato ha tenido el coraje de afirmar que los años de plomo fueron una guerra y obrar en consecuencia, como lo hizo Alfredo Olmedo siendo el único que votó contra la negación del 2x1 a nuestros presos políticos. 

Y aquí es donde mi corazón liberal, que aborrece a Martínez de Hoz por su tablita y por no haber privatizado nada, guarda gratitud para con los hombres y mujeres que venciendo al terrorismo castrista me evitaron vivir y morir bajo una eterna dictadura comunista. He dicho muchas veces que puedo cuestionar los métodos, pero no voy a renegar de la victoria. Mi Libertad es agradecida y tiene memoria. Cuba sigue siendo la misma dictadura de entonces, y si no me creen consulten con Armando Ribas. 

Alfredo Olmedo también tuvo el valor de votar en contra de la Ley Micaela, un instrumento de adoctrinamiento progresista que dará lugar a un gran negociado de capacitaciones compulsivas, sin margen para cuestionar, objetar ni refutar. O sea. Olmedo es el único que votó por la Libertad de pensar.

Y Olmedo también votó en contra del aborto indiscriminado. Sus razones para oponerse al aborto son en parte distintas a las mías. Él es evangélico, yo soy ateo. Mi argumento es estrictamente liberal: El peor ataque a la Libertad es convencer a las personas que pueden tomar cualquier decisión sin asumir la responsabilidad de sus propios actos.

Hay algunos liberales que, como buenos "progres" olvidan la parte de la responsabilidad, y además justifican el aborto indiscriminado con argumentos que contradicen tanto la supremacía de la Constitución Nacional, como comprobaciones científicas. Además, obviamente, no captan que ciertas cuestiones deben resistirse porque no se pueden abrir a debate en los términos de la izquierda. 

Mi diferencia con esos liberales, es que nunca uso el "liberalómetro", es decir no me arrogo la potestad de decir quién es liberal y quién no. Tampoco descalifico llamando al que disiente conmigo "mononeuronal", "tipejo", "simio", "subnormal" y un largo etcétera de etiquetas denigrantes que me recuerdan mucho agravios prodigados durante el régimen por fanáticos kirchneristas. Ofender a otros pretendiendo dar fe de las propias convicciones nunca ha sido lo mío. 

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Tengo el orgullo (y voy a jactarme de ello) de ser aquel sobre quien escribió Agustín Laje: "La derecha renegada prefiere esconderse en esas etiquetas precisas para el mundo académico, pero nada entendibles para la arena política y el gran público (liberales, conservadores, nacionalistas, libertarios, randianos, tradicionalistas, y un etcétera espeso). Ariel, en cambio, probablemente sabiéndose una síntesis de varias corrientes, tiene la valentía del que asume lo que es, moleste a quien moleste: un hombre de derecha o, como él firma, 'la pluma de la derecha'”.

Como liberal siempre he tendido puentes y lo seguiré haciendo. La razón es simple, soy la clase de liberal al que no le bastaría vivir en un país de libertades, necesito una Patria de Libertad. Y ese, a pesar de los riesgos y tropiezos, es mi camino. 

Y los que estén en el camino, ¡bienvenidos al tren!.

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Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha, 
un liberal que no habla de economía.

LA SONRISA DE JAMES COBURN

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