Mostrando entradas con la etiqueta república. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta república. Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de diciembre de 2021

NI LAS BESTIAS NI LA BARBARIE: CIVILIZACIÓN SIEMPRE.




Entiendo que haya quienes se alegren porque dos presas hayan sido golpeadas por otras presas y crean ver "justicia" en ello.

Pero esa "alegría" es fruto del desastre generalizado en que vivimos desde hace décadas. 

Sólo demuestra tal decadencia que todo, hasta la ilusión de la Justicia, queda en manos de delincuentes.

Yo no celebro el dominio de la barbarie ni aunque caiga sobre bestias. 

Yo quiero que Argentina vuelva a ser un país civilizado donde rija suprema la Constitución Nacional para que las instituciones tengan razón de ser y los funcionarios sentido del deber. 

No quiero esta decadencia absoluta en que la indefensión de los honrados lleva a la ciudadanía a celebrar lo que unos criminales hacen con otros criminales.

No es esa la Justicia ni la paz pensada por los magnos constituyentes de 1853/60 para la Nación Argentina.

Mientras esta decadencia sea la corriente no esperen de mí otra cosa que ir contra la corriente.


Y digo: En Argentina el Poder Judicial degradó a Poder Prevaricador. Aquí se condenó violentando la Constitución Nacional y sin mirar evidencia a vencedores del terrorismo castrista. Discutir la pena de muerte o cualquier otra en este contexto, por muy desagradable que sea el crimen y los criminales, es irrisorio. ¿Para qué? ¿Para darle más poder a quienes subvierten la República? Sería suicida.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

 


martes, 24 de agosto de 2021

MATAR AL PRESIDENTE




La muerte violenta de un presidente es un hecho de enorme gravedad institucional, entre otras razones porque todo Estado, por su misma razón de ser, dedica un esfuerzo importante a preservar la vida de sus gobernantes. No es necesario explicar la relevancia política de la máxima autoridad de cualquier país como símbolo de sus instituciones. 

Sin embargo, la historia registra casos de presidentes que han sido ultimados en ejercicio de sus funciones. 

Abraham Lincoln en 1865, James Garfield en 1881, William McKinley en 1901 y John Fitzgerald Kennedy en 1963 fueron muertos a balazos (o a consecuencia de esos balazos) siendo presidentes de los Estados Unidos. 

Particularmente significativo es el homicidio de Kennedy, por el contexto de Guerra Fría en aquel mundo bipolar donde Estados Unidos lideraba al bloque occidental en la lucha contra el imperialismo soviético. Pareciera increíble que un país que compite por el liderazgo mundial pudiera perder a su presidente en un atentado a plena luz del día, pero más allá de la variedad de teorías sobre ese crimen, las democracias ofrecen vulnerabilidades que sus enemigos, organizados o como lobos solitarios, aprovechan sin piedad.

En 1981, a poco de asumir el mandato, un lunático le acertó un plomo al presidente Ronald Reagan. Otra vez la potente democracia, que bajo la tensión de las armas nucleares debía mantener a raya el avance comunista, se mostraba vulnerable a un ataque contra su presidente. Una vulnerabilidad que no compartía Leonid Brézhnev, su contraparte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, donde el culto a la personalidad del líder acentuaba el sistema represivo que pesaba sobre la población en sus apariciones públicas.

Como nota de color, recuerdo que en el programa de ATC (Argentina Televisora Color) "Sesenta minutos" al presentar la noticia el periodista José Gómez Fuentes hizo este comentario: "Dios sea loado, nosotros no matamos a nuestros presidentes", una expresión que intentaba señalar una diferencia de idiosincrasia con Estados Unidos, pero que olvidaba atentados contra Sarmiento, Roca, Perón y Videla, por distintas causas y motivos. En esto se puede decir que a la Argentina no la benefició alguna idiosincrasia pacífica sino la ineptitud de los perpetradores. 

Con menos suerte que Reagan, también en 1981, Anwar el-Sadat, presidente de Egipto, fue asesinado durante un desfile militar; en ese caso por cuestiones estrictamente políticas.

Tres años después ocurrió en la India (Octubre de 1984) que la primer ministro Indira Ghandi fue ejecutada a balazos por dos de sus custodios.

En la apacible Suecia el primer ministro Olof Palme fue muerto de dos balazos en 1986, cuando luego de ver una película en el cine caminaba de regreso al hogar en compañía de su esposa y sin custodia. Lo impensado había ocurrido donde jamás pasaba nada y nunca se esclareció motivo ni autor. 

En Rumania se produjo en 1989 un hecho hermoso: el alzamiento del pueblo rumano a favor de su Libertad y contra la larga tiranía comunista de Nicolae Ceaușescu. En consecuencia, Ceaușescu y su esposa fueron fusilados contra un paredón luego de ser sentenciados en juicio sumarísimo. La fotografía que muestra los dos cuerpos cayendo bajo las balas tiene una belleza singular, y es que más allá de la forma estética, agradable a la vista, es desde la ética imprescindible por lo aleccionadora y como fuente de esperanza para todo pueblo bajo la opresión comunista.


En 1995 y en este caso también por razones políticas, Isaac Rabin, primer ministro de Israel cayó baleado por la espalda al término de un acto público.

Luego hay otros casos, no de presidentes sino de dictadores puros y duros que como Saddam Hussein (2006) y Muamar el Gadafi (2011), fueron muertos en contexto de guerra.

Para completar este raconto, este mismo año en el devastado Haití, el Presidente Jovenel Moïse fue asesinado a balazos en su propia casa. 

Hemos visto así que si los presidentes de los Estados Unidos son vulnerables a eventuales ataques contra su vida, va de suyo que todos los mandatarios de países democráticos también lo son. Mucho más en países sumergidos por problemas que los dejan en situación de permanente crisis institucional, al borde de la anarquía y sin ningún horizonte de futuro en su población. Pero también se observa que los dictadores, a falta de un individuo decidido a matar que pueda acercarse hasta ellos, igual son susceptibles de encontrar un paredón, una horca o un linchamiento al final de su camino cuando sus delirios de permanencia y abuso del poder provocan alzamientos, revoluciones o guerras.  

Los motivos para matar a un presidente son muy variados. Pero en esta cuestión, como en tantas otras, el presente argentino está mostrando una nueva paradoja de la vocación por ser el reino del revés.

En Argentina el riesgo de vida que corre el Presidente de la Nación de por sí es mínimo y además ninguno va o vuelve del cine caminando sin custodia. Algo de lo que dijo Gómez Fuentes allá por 1981 es cierto: no tenemos una cultura que encuentre justificativo o abrigue de cualquier forma el deseo real de percutar un presidente. Y si bien tenemos muchos dementes, no se les da por ese lado. 

Pero sin embargo empieza a ser muy notorio que a falta de matar presidentes llegamos a tener  un seudo presidente, seudo Firulete (con perdón del gran Firulete) que está matando la investidura presidencial. 

Alberto de la Fernández ha demostrado sobradamente no tener capacidad ni dignidad para sostener con un mínimo decoro la investidura presidencial. La pisotea a diario en cada uno de sus constantes papelones, disparates, contrasentidos y atentados contra la razón que hacen de la República Argentina un completo y triste hazmerreír.

El gobierno títere, golpista, corrupto, criminal y comunista de Alberto de la Fernández superando ya  lo inaudito está logrando tocar el colmo de cada cuestión. 

La indignidad de quien impone sacrificios al conjunto de la población llenándose la boca con promesas de igualdad pero moja sobradoramente la oreja de la sociedad al refregarle -sin ningún arrepentimiento- los privilegios que se atribuye, como no bajarse el sueldo mientras muchos pierden sus ingresos, sacarse selfies en un velorio multitudinario o reunirse alegremente en la Quinta de Olivos a celebrar como al común se le prohibía, todo ello sobre el agravio a cualquiera que objetara las medidas de su inconstitucional DNU, hace que la idea de matar al presidente sea una fantasía agradable. 


Dalmiro Sáenz y Sergio Joselosky publicaron la novela de ficción política "El día que mataron a Alfonsín" durante la presidencia de Raúl Alfonsín. No sé si fue un buen libro (no lo leí), pero recuerdo perfectamente el efecto que causó ese título provocativo y debió vender bien porque luego -creo- surgió "El día que mataron a Cafiero" (tampoco lo leí). En alguna reseña del libro se señala que el interés de los autores apuntaba a mostrar el caos que podía sobrevenir a un magnicidio. 

Sobre ese antecedente, se me ocurre que sería un buen ejercicio literario escribir una novela que, para ser todavía más provocativa que aquella, narrara un atentado exitoso contra Alberto de la Fernández y Cristina Fernández, que es quien ejerce el poder como dueña del títere, pero a partir de ahí, en lugar de caos, describa la caída definitiva del régimen kirchnerista y el resurgimiento institucional de la República Argentina. Básicamente un cuento con final feliz. 

El título, para tapa emulando una primera plana del diario Crónica en sus mejores tiempos, podría ser: "Matar al presidente -salvar la República-". 

Si alguna editorial lo encuentra de interés me avisa y la escribo con el mayor de los gustos, porque se necesita una cuota alta de fantasía sangrienta para sobrellevar esta calamidad real de un gobierno indigno y morboso que cada día se esfuerza por ahondar el daño institucional, la degradación cultural y la miseria intelectual que hace de la Argentina un país sin futuro.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía. 







viernes, 2 de abril de 2021

SERÁ SANGRE (o no será nada)


Grité, grité. Lo siento,
me pasa cuando escucho un político hablar.
Los ves, están tan contentos
y esas sonrisas no las juzga ningún tribunal.

"D10s" - Hilda Lizarazu.




Cuánto más lo pienso peor futuro le veo a la Argentina. Contemplo los armados electorales y no puedo ocultar mi escepticismo. Y es porque creo que la democracia está terminada igual que la República, a la que se llevó puesta por ser un ensayo fallido que se agotó en el simple abuso de la estadística.

El intento democrático iniciado en 1983 sentó tempranamente las bases de su fracaso con Raúl Alfonsín, quien nunca entendió que sin que cada individuo se valga por sí mismo la Democracia termina siendo una ilusa perversión. Así, renegando de la Libertad infectó de dádiva a la sociedad con la asistencia humillante de las cajas PAN, lo cual redujo a eslogan socialista su frase de "con la democracia se come, se cura y se educa". Y para completar el ataque sobre el orgullo de ser argentinos, siguiendo consejo de Dante Caputo inició el derrotero de la indefensión buscando llevar las Fuerzas Armadas a la total inoperancia, con la única y estrecha mira de que no sean un factor de poder. Si eso, además de un desastre económico, hizo el mal llamado "Padre de la Democracia" siendo Presidente, en su rol de opositor prostituyó a su supuesta hija entregando a Carlos Ménem la reelección presidencial -Pacto de Olivos mediante-, con la muy lamentable reforma constitucional de 1994 al módico precio de algunas bancas de senadores. Luego la crisis del 2001 llevó a la desafortunada cadena de sucesos que permitieron en 2003 la implantación del régimen kirchnerista.

Por esa vía, la infiltración castrista al Movimiento Peronista consagró el fracaso definitivo del intento democrático. La venganza contra los vencedores del terrorismo castrista en juicios de alevoso prevaricato, ratifica que un país que condena a sus defensores se traiciona y entrega al enemigo. Con la democracia viciada se precipitó el fin de la República y la instalación de una casta política tan corrupta como servil a los intereses de la dictadura cubana.

Hoy Argentina es la vergüenza indigna de la abierta subversión del orden constitucional ejecutada por un gobierno títere que, utilizando la pandemia de Covid como excusa, el 19 de Marzo de 2020 dio un golpe de Estado contra la Constitución Nacional. Desde entonces el régimen kirchnerista gobierna de facto y carente de toda legitimidad.


La complicidad cambiemita, como oposición complaciente que conforma con el kirchnerismo una misma casta política, añade complejidad al cuadro argentino, ya que entre progres y totalitarios concentran el 90% del electorado. Algo que expone duramente el daño institucional, la degradación cultural y la miseria intelectual de los argentinos.

La consecuencia de ese 90% cautivo de un sistema servil a la casta, es la gravedad de una situación de decadencia que se manifiesta en todos los indicadores. Si los datos estadísticos de miseria y pobreza de por sí son terribles, aunque ahora no aparezca la comparsa de llorones que fingía sensibilidad sobre el final del interregno macrista, son más terribles cuando se piensa que van a tener que empeorar antes de mejorar, porque no hay magia para reparar lo dañado por la mafia K.

Para mayor adversidad, no se alcanza aún el mínimo de organización política republicana que pueda emprender un curso de acción determinante para -por cualquier vía- disputar el poder en manos de la casta.

Cualquier curso de acción requiere una organización previa. Mis reiterados fracasos en intentar constituirla me descalifican para volver a intentarlo, o dar consejos sobre el como. Me sumaré con entusiasmo si otros logran darle entidad.

Así las cosas, percibo una larga agonía desde lo político a lo intelectual. El mal está demasiado extendido como para suponer qué podrá ser contenido y repelido por mecanismos del mismo sistema que el mal ha corrompido y desvirtuado.

Porque ese sistema ya no es lo que era, no sirve a lo que debía servir y es enteramente funcional al mal. Desde luego sólo es mi opinión. No tengo la bola de cristal. Y el futuro no está escrito. Mañana mismo podría ocurrir un hecho que rompa toda previsión, yo aborrezco la anarquía pero también este orden corrupto y, como no quiero ser hipócrita ni cobarde, no oculto lo mucho que me agradaría la caída del régimen con un final a la rumana.

Escribo con muchos sentimientos encontrados, pero no me siento pesimista al redactar estas palabras porque tampoco hay razón alguna para ser optimista. Es simplemente un intento de entender el presente de la Nación Argentina cuando la gran incertidumbre es saber cuánto realmente queda de ella.

La disyuntiva tiempo o sangre ya está planteada y diría que respondida. Será sangre o será nada, esta nada misma de un país que agoniza sin que a nadie parezca importarle. El punto es que la nada es un imposible teórico, siempre habrá algo. Y esto es inviable porque no ofrece más futuro que una oscura y profunda miseria material y moral. No es mía la autoría de la pregunta, pero me hago cargo de la respuesta. Apenas soy uno más de los tantos que la aceptan. Sí. Aparece en el aire con mucho más contagio del que se atribuye al Covid. Está ahí, de ronda y para quedarse. No se irá. Como una de esas cosas cuyo final nadie puede anticipar pero tampoco impedir, espera su llegada ya sea como pleno caos, revolución o tiranía. Y no sólo eso: cuando más tiempo demore la sangre, más sangre costará el tiempo.

¡Constitución o muerte!

Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.



jueves, 25 de febrero de 2021

MUY BREVE REFLEXIÓN SOBRE EL SIGNIFICADO DE TENER UNA CONSTITUCIÓN



Gorostiaga, Leiva, Gutierrez, Ferré y los demás Constituyentes de 1853 eran hombres dotados de conocimiento y sentido común, sabían que la Constitución Nacional no significaría el fin de los problemas, en consecuencia previeron días difíciles y las peores circunstancias.

De haber creído que dictar el texto constitucional garantizaba la panacea de una interminable sucesión de días felices, no hubieran previsto situaciones tales como la guerra, el ataque exterior, la conmoción interior o el juicio político, etc. 

Por eso previeron opciones duras. Obligaciones ciudadanas como la de armarse, o dar facultades al PEN para dictar el estado de sitio, demuestran la previsión de las peores dificultades. 

Es decir, que pensaron una Constitución cuyas reglas aplican bajo cualquier circunstancia por imprevista que parezca.

Dejaron un muy surtido conjunto de herramientas para hacer frente a cualquier dificultad sin salir de los márgenes constitucionales. 

Por eso es un absurdo, que revela la miseria intelectual de la Argentina presente, que se crea que una pandemia modifica el orden jurídico.

Ninguna pandemia, incluso una que tuviera una alta mortalidad y no el muy bajo porcentaje del Covid, deja de ser más que una mera situación sanitaria. 

Repito y enfatizo: aunque fuera el caso de apilarse cadáveres en las calles.

Que a partir del golpe de Estado K del 19 de Marzo de 2020 el gobierno haya pretendido legitimar su abuso de autoridad con la excusa de la pandemia, y que ello haya sido tolerado por la CSJN y la "oposición" parlamentaria, ofende la memoria y razón de los constituyentes.

Luego está la imbecilidad de quienes creen que la Constitución Nacional es mala porque no se cumple y entonces pregonan que hay que cambiarla. 

¿Cambiar la sabiduría de los constituyentes fundadores por otro rejunte de mamarrachos como en 1994?

No. Ni ahí.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

lunes, 18 de enero de 2021

SER NACIÓN O SER BASURA, ESA ES LA CUESTIÓN



En el marco del esfuerzo kirchnerista que como gobierno de la delincuencia, por la delincuencia y para la delincuencia busca asegurar la impunidad de Cristina Fernández de Kirchner y accesoriamente beneficiar a otros políticos corruptos sobre los que pesan procesos penales y condenas judiciales, tales como Amado Boudou y Milagro Sala, organizaciones de izquierda totalitaria como la Tupac Amaru y La Cámpora, protagonizaron el sábado 16 de Enero de 2020 un "basurazo", consistente en arrojar bolsas cargadas de basura contra el Palacio de Tribunales asiento de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.


Está claro, en la gráfica inmundicia del modo de protesta elegido, que el kirchnerismo se expresa haciendo lo que mejor sabe hacer: convertir a la Argentina en un basural. 


Para la militancia kirchnerista, sea de escritorio o calle, cualquiera de las conductas tipificadas como delitos por el Código Penal son "lawfare" cuando algún fiscal o juez osa reprochar la corrupción del régimen. Y en esa pretensión de inmunidad, de doble estándar en relación al resto, brota la lógica amigo/enemigo exacerbada a partir del 2003, en la vieja variante que reza "para el enemigo ni justicia". Porque al modo de los eslóganes de "1984", cuando los kirchneristas dicen que "La Patria es el otro", lo que en verdad están diciendo es que odian tanto a la Patria como a los otros. 

En ese odio se explican tanto los bolsos con dinero de la corrupción como las bolsas de basura, lo que se llevan y lo que dejan.


Ernest Renan expuso en la Sorbona (1882) que una Nación es una comunidad espiritual, basada en tener glorias comunes en el pasado y una voluntad común en el presente; es decir la creencia de haber hecho grandes cosas juntos y querer seguir haciéndolas todavía. He ahí, en esa proyección, las condiciones para ser un pueblo.

Adhiero al concepto. Tanto adhiero que no puedo evitar señalar que esa definición pudo aplicarse a la Nación Argentina en el pasado, pero no en el presente. Al interior de la Nación Argentina siempre ha habido facciones, a veces enfrentadas a muerte, pero aún así había un contexto de identidad que daba a la violencia el carácter de lucha intestina, de guerra civil y fratricidio. Bajo el régimen kirchnerista, en cambio, lo que ha evolucionado no ha sido una facción interna sino algo conceptualmente opuesto, ajeno y negador de la argentinidad.

El proceso de "reconciliación" intentado por Presidente Menem en la década del 90 fue el último y resultó a la postre tan fallido como el intento democrático iniciado el 14 de Junio de 1982. 

Y hoy la reconciliación roza lo imposible, más imposible que cavar trincheras, porque no puede haber futuro acordado en común con corruptos y comunistas.

Aquí, kirchnerismo mediante y en la ambición de imponer un proyecto totalitario de corrupción estructural, como el que George Orwell imaginó en "Rebelión en la granja" y "1984", se ha ejecutado un acelerado proceso de desmemoria colectiva y adoctrinamiento que, imponiendo la lógica amigo/enemigo en todos los aspectos de la vida, ha dividido hasta el absurdo el pasado y el presente, por lo que no hay un futuro donde el "nosotros" incluya a ellos y a los míos.

Ser argentino es otra cosa, otro ser, otro deber ser, distinto al de cualquier proyecto totalitario; y yo quiero ser argentino como eligieron serlo los revolucionarios de Mayo, los constituyentes de 1853/60, la Generación del 80 y como ellos mis abuelos y mis padres.

¿Quién quiere compartir futuro con gentuza que se manifiesta arrojando basura para reivindicar a delincuentes? 

Yo no. 

No reconozco en esa mugre a ningún integrante de la Nación Argentina. No acepto ningún "nosotros" con ellos. No son mis compatriotas, no son Patria, ni Libertad, ni República.   

Son el enemigo.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha, 
un liberal que no habla de economía.

viernes, 25 de septiembre de 2020

¿YA SE JUSTIFICA UN GOLPE MILITAR?




El 18 de Marzo de 1976 Álvaro Alsogaray manifestó claramente su oposición a que las FF.AA. dieran un golpe de Estado. No fue escuchado. Y la historia demostró acertada tanto su argumentación como su clara visión del futuro.


En aquellas circunstancias, sostenía Alsogaray que la crisis que experimentaba el país, aunque grave, no alcanzaba niveles de riesgo real para la supervivencia misma de la Libertad. Y no estando en juego la Libertad, las FF.AA. debían abstenerse de intervenir en política. Cabe observar que Alsogaray, tanto por principios como por realismo político, comprendía que la existencia misma de las FF.AA. implica un deber de acción política, pero sólo en circunstancias extremas que tienen que ver con preservar la Libertad como razón de ser del Estado.


Por ello enseña Alsogaray que  la intervención política de las FF.AA. es la última reserva del país, y no debe ser arriesgada hasta tanto no esté realmente en peligro la supervivencia de la Libertad. Desde ya, entender a un medio de acción como el último recurso no simplifica la difícil tarea de analizar y precisar el exacto momento en que los demás recursos están agotados, sea por imposibilidad o ineficacia. Y menos si se trata de preservar algo tan frágil como la Libertad.


Alsogaray supo apreciar en marzo de 1976, que el golpe de Estado no era todavía necesario, contra todo el espectro de la opinión pública y política que, a más de desear el golpe lo sabía en marcha. Y el 24 de Marzo fue recibido por los argentinos con un gran suspiro de alivio. Conservó el temple Alsogaray, sin caer en la desesperación del momento, y quizá el motivo de esa frialdad de análisis, propia de un estadista, sea su optimismo reflejado en esta frase: "Ningún país queda tan destruido para que no pueda levantarse sobre sus escombros".


Luego el tiempo, ese juez implacable de los actos humanos, demostró la exactitud con que el líder liberal anticipó las consecuencias de aquella precipitación. Leamos estos textuales de su carta conociendo la historia de entonces a hoy:


1 "¿Por qué habría un golpe de estado liberar a los dirigentes políticos de su culpabilidad?"


2 "¿Por qué transformarlos en mártires incomprendidos de la democracia precisamente en momentos en que se verán obligados a proclamar su gran fracaso?"


3 "Dirigentes peronistas y radicales, con abrazos y elogios recíprocos, acaban de ratificar su alianza de la Hora del Pueblo que condujo al país al caos".


4 "Hay que permitirles -más hay que exigirles- que gobiernen juntos y resuelvan el problema. Dentro de tres meses el país entero estará clamando para que se vayan, pero no como perseguidos sino como culpables. No necesitamos un golpe de estado".


5 "Muchos de quienes alimentan hoy el golpe, se congratularon haciendo la V de la victoria el día de las elecciones en que triunfó Perón y pronto volverían a cambiar de frente criticando el golpe".


Y aquí Alsogaray (un toque de humor para matizar la cosa) supera a Nostradamus y Parravicini: 


6 "El mismo público que hoy protesta unánimemente por el actual estado de cosas, comenzará a vilipendiar a los militares, alentado por los políticos, a quienes habrá salvado in extremis causa".


Ningún otro político argentino ha formulado una probable evolución tan exacta como este verdadero Parte de Inteligencia escrito por el Capitán Ingeniero. Es notable leer este documento desde el hoy. Y una vez leído, comentado, compartido, viene la parte dura de este artículo: Hay que pensar. Y para hacerlo todavía más áspero, tratemos de pensar juntos.




De 1976 a 2020 la historia argentina puede entenderse como la crónica de una decadencia, en la que las situaciones se repiten, aunque como canta Charly García: "no entiendo a los que hacen lo mismo que yo hice ayer, pero como hasta ahí nomás, como viviendo en el pasado". En estos años Argentina ha perdido pasión. Ya no se mata ni se muere por ella. Pero no ha sido la razón la que puso límites a la pasión, sino la confusión, la indiferencia, el hartazgo, los más de los mismos. La farsa en malas copias de los que eran, buenos o malos pero eran.


Y estamos aquí en condiciones de hacer aquellas mismas preguntas. Ya sabemos que entonces las respuestas del Álvaro Alsogaray fueron las correctas. Pero de entonces a hoy, ¿si volvemos a preguntarnos eso mismo será correcto repetir lo que dijo entonces? Por mucho menos de lo que Argentina vive en el presente se desencadenaron golpes militares en el siglo pasado. En 1976 la posibilidad de golpe militar era tema puesto a viva voz en cada conversación. En 2020 se censuraba por corrección política, hasta que habló Duhalde. De 1976 a 2020 ha cambiado el mundo y la Argentina. Para bien y para mal. Por lo que aquellas reflexiones de Alsogaray deben ser aggiornadas a preguntas que responder por nosotros mismos.  Ensayo algunas:


1 ¿Está hoy realmente en peligro la supervivencia misma de la libertad en Argentina?  


 2 ¿Están dadas las condiciones para que las FF.AA. como última reserva intervengan en la vida política del país?


3 ¿Sería precipitado afirmar que kirchneristas y cambiemitas no pueden resolver el drama en que han sumido al país?


4 ¿Un golpe militar serviría al país o liberaría a los dirigentes políticos de su culpabilidad?


5 ¿Hay que permitirles a kirchneristas y cambiemitas (la casta política) seguir gobernando hasta que reconozcan su fracaso en común? ¿Podrían reconocerlo?


6 A la luz de la experiencia venezolana ¿se puede esperar a que un estallido social expulse del poder a la casta política?


7 ¿Si la Constitución Nacional es violentada por oficialismo, oposición parlamentaria y Corte Suprema de Justicia de la Nación, qué debemos hacer todos aquellos que juramos defenderla? 


8 ¿Cuándo será muy tarde para reaccionar?


9 ¿No es absurdo y paradojal defender un gobierno que surgido de iure se deslegitimó al dejar sin efecto la Constitución Nacional con el estado de sitio de facto implantado a partir del golpe de Estado kirchnerista del 19/04/2020, por el prurito de ser "golpista"?  


Pensemos.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,

un liberal que no habla de economía.

LA SONRISA DE JAMES COBURN

LA SONRISA DE JAMES COBURN