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lunes, 7 de noviembre de 2022

SOBRE LANCHAS Y AGUAS OSCURAS




Reiterando esta cita de Sarmiento: “Si os reconocéis venales o abyectos, os gobernarán como a presidiarios”, y reafirmando el concepto sobre que mientras la política siga siendo justificar la corrupción de unos porque son menos corruptos que otros, o por cualquier otro motivo, vamos a seguir gobernados por corruptos, va este comentario en relación a las compras de material a Israel durante las gestiones de Nilda Garré, Cecilia Rodríguez y Patricia Bullrich.

"El 11 de octubre de 2018 Patricia Bullrich sostuvo en el Congreso, ante la lamentable Bicameral de Seguridad (nivel Cabandié), que al asumir su gestión una auditoría registró, en el marco del acuerdo con Israel, deterioro en bienes adquiridos por esa vía y 41 millones de dólares transferidos a ese país sin contraprestación alguna, por lo que su dilema fue: "¿Hacemos la denuncia penal o tratamos de recuperar la plata?". Nadie repreguntó.

Extraño planteo, porque denunciar hechos delictivos no es facultad discrecional de los funcionarios. Sorprendente además, porque no se condice con la feroz celeridad con que supo dar curso a la opereta contra Juan José Gómez Centurión. Cuya honestidad se acreditó luego en Tribunales.

Consultando si la denuncia se había presentado, una alta fuente ministerial afirmó a este cronista que: "Hicimos la denuncia y han sido llamadas (Nilda Garré y Cecilia Rodríguez) a indagatoria. Y además recuperamos el dinero". Se contrapone ello con una versión tribunalicia indicando que Garré sí fue citada a indagatoria, pero que Rodríguez todavía no.

Ahora bien, en cualquier caso la sola existencia de la causa Garré, Nilda y otros s/ abuso de autoridad, incumplimiento de los deberes de funcionario público y defraudación a la administración pública, que sin atraer la atención de prensa y ciudadanía tramita o duerme como Expediente 7414/17 en el Juzgado Federal 5, a cargo de la Dra. María Eugenia Capuchetti, atestigua que Bullrich no puede desconocer la capacidad del kirchnerismo para lesionar los intereses del Estado"*.

No he seguido el expediente que terminó con la compra de lanchas a Israel con un rigor que me permita afirmar si hubo corrupción o no.

Pero dos cosas son llamativas:

La primera es que el origen de esas negociaciones haya sido dudar sobre denunciar penalmente a Garré.

La segunda cosa llamativa es que alrededor del tiempo en que se acordó comprar las lanchas se haya desvanecido la feroz interna entre Bullrich y Burzaco dentro del MInisterio de Seguridad.

Pareciera que cuando acordaron con los israelíes también acordaron entre ellos...

Más allá de cualquier expediente no tengo dudas que kirchnerismo es corrupción, pero tampoco tengo dudas que hay una corrupción cambiemita cómplice de aquella.

No sé si este es el caso, pero sí sé que falta transparencia y sobran dudas.

Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

* Fragmento de un artículo de mi autoría publicado por el Diario La Prensa el 01OCT19 bajo el título "Vaca Muerta requiere decencia, responsabilidad y transparencia".

miércoles, 24 de agosto de 2022

LA EVOLUTIVA DE LA CORRUPCIÓN ¿y dónde están la reservas morales del país?





La corrupción tiene una dinámica evolutiva, en virtud de la cual nunca se detiene por sí misma.

La corrupción policial, por ejemplo, comienza con la apatía, el desinterés de mirar para otro lado, pero luego el que mira para otro lado empieza a cobrar por mirar para otro lado, después el sobornado se asocia al delito justificándose en la necesidad de mantener ciertos límites y finalmente involucrándose de lleno aspira a dirigir la actividad criminal.

Con la política pasa lo mismo pero con una mayor impunidad, porque si se percibe rápido la corrupción policial en hechos de la vida cotidiana, los estragos de la corrupción política se perciben tardíamente y vienen encubiertos de mil maneras. Ocurre que la policía tiene algún poder pero no es el poder, como sí lo es la política por definición.

Ese proceso de corrupción política, si no es detenido por fuera de la política, entiéndase Poder Judicial cuando existe y es independiente, ciudadanía cuando tiene conciencia cívica, FFAA cuando tienen patriotismo, o cualquier otro estamento de la sociedad que con capacidad de reacción obre, aunque a muchos no les guste la expresión, como "reserva moral del país", no se detiene si no encuentra frenos. 

Y el resultado no puede ser bueno, el caso argentino revela esa evolución desde 1983. Una democracia sin conciencia nacional, subvertida en su razón de ser, llevó apatía a la ciudadanía  hasta calificar como democracia fallida, deviene cleptocracia y régimen de casta donde la corrupción pasa a ser abiertamente la bandera de la facción gobernante, tanto así que ante fundadas acusaciones de corrupta Cristina Kirchner se defiende (o algo así) diciendo que su marido, que la antecedió en la presidencia era todavía más corrupto; con lo cual la democracia fallida se encamina a un Estado fallido, con opciones duras por delante, más de lo mismo, dictadura, anarquía o revolución. 

La gravedad de un gobierno que milita la corrupción fue magistralmente descripta por George Orwell en sus dos más conocidas novelas: "Rebelión en la granja" y "1984", y ninguna de ellas tiene un final feliz. 

Y ese es otro acierto de la pluma de Orwell, porque la corrupción sólo genera más corrupción e infelicidad. Las citadas novelas son la explicación del kirchnerismo, como proyecto totalitario de corrupción estructural, desde antes que exista el kirchnerismo.

Sucede que la corrupción puede adoptar distintos nombres y disfraces, pero siempre es la misma ambición encarnada en personas de ocasión por quedar por encima de la ley, impune y decidiendo sobre la honra, vida y fortuna de los demás.

La pregunta que debemos formularnos es si esta Argentina de instituciones carcomidas por la corrupción, de corrupción consciente militada políticamente, puede tener un final distinto al de las novelas de Orwell.

En la película Calígula la escena más pornográfica no es ninguna práctica sexual, sino la sumisión política al emperador demente ante el que todos berrean como ovejas. Hoy Argentina se parece bastante a eso. 


Vuelvo entonces a la pregunta que sugiero formularnos y me doy cuenta que la respuesta dependerá de encontrar o no alguna reserva moral que subsista a pesar de la putrefacción presente.

Supongo que de existir esas reservas morales no están concentradas en ninguna institución en particular, sino dispersas y desorganizadas, ejerciendo actos individuales de resistencia. El punto es si se las podrá reunir y coordinar para que la única salida no sea por Ezeiza.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha,
un liberal que no habla de economía.

lunes, 18 de enero de 2021

SER NACIÓN O SER BASURA, ESA ES LA CUESTIÓN



En el marco del esfuerzo kirchnerista que como gobierno de la delincuencia, por la delincuencia y para la delincuencia busca asegurar la impunidad de Cristina Fernández de Kirchner y accesoriamente beneficiar a otros políticos corruptos sobre los que pesan procesos penales y condenas judiciales, tales como Amado Boudou y Milagro Sala, organizaciones de izquierda totalitaria como la Tupac Amaru y La Cámpora, protagonizaron el sábado 16 de Enero de 2020 un "basurazo", consistente en arrojar bolsas cargadas de basura contra el Palacio de Tribunales asiento de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.


Está claro, en la gráfica inmundicia del modo de protesta elegido, que el kirchnerismo se expresa haciendo lo que mejor sabe hacer: convertir a la Argentina en un basural. 


Para la militancia kirchnerista, sea de escritorio o calle, cualquiera de las conductas tipificadas como delitos por el Código Penal son "lawfare" cuando algún fiscal o juez osa reprochar la corrupción del régimen. Y en esa pretensión de inmunidad, de doble estándar en relación al resto, brota la lógica amigo/enemigo exacerbada a partir del 2003, en la vieja variante que reza "para el enemigo ni justicia". Porque al modo de los eslóganes de "1984", cuando los kirchneristas dicen que "La Patria es el otro", lo que en verdad están diciendo es que odian tanto a la Patria como a los otros. 

En ese odio se explican tanto los bolsos con dinero de la corrupción como las bolsas de basura, lo que se llevan y lo que dejan.


Ernest Renan expuso en la Sorbona (1882) que una Nación es una comunidad espiritual, basada en tener glorias comunes en el pasado y una voluntad común en el presente; es decir la creencia de haber hecho grandes cosas juntos y querer seguir haciéndolas todavía. He ahí, en esa proyección, las condiciones para ser un pueblo.

Adhiero al concepto. Tanto adhiero que no puedo evitar señalar que esa definición pudo aplicarse a la Nación Argentina en el pasado, pero no en el presente. Al interior de la Nación Argentina siempre ha habido facciones, a veces enfrentadas a muerte, pero aún así había un contexto de identidad que daba a la violencia el carácter de lucha intestina, de guerra civil y fratricidio. Bajo el régimen kirchnerista, en cambio, lo que ha evolucionado no ha sido una facción interna sino algo conceptualmente opuesto, ajeno y negador de la argentinidad.

El proceso de "reconciliación" intentado por Presidente Menem en la década del 90 fue el último y resultó a la postre tan fallido como el intento democrático iniciado el 14 de Junio de 1982. 

Y hoy la reconciliación roza lo imposible, más imposible que cavar trincheras, porque no puede haber futuro acordado en común con corruptos y comunistas.

Aquí, kirchnerismo mediante y en la ambición de imponer un proyecto totalitario de corrupción estructural, como el que George Orwell imaginó en "Rebelión en la granja" y "1984", se ha ejecutado un acelerado proceso de desmemoria colectiva y adoctrinamiento que, imponiendo la lógica amigo/enemigo en todos los aspectos de la vida, ha dividido hasta el absurdo el pasado y el presente, por lo que no hay un futuro donde el "nosotros" incluya a ellos y a los míos.

Ser argentino es otra cosa, otro ser, otro deber ser, distinto al de cualquier proyecto totalitario; y yo quiero ser argentino como eligieron serlo los revolucionarios de Mayo, los constituyentes de 1853/60, la Generación del 80 y como ellos mis abuelos y mis padres.

¿Quién quiere compartir futuro con gentuza que se manifiesta arrojando basura para reivindicar a delincuentes? 

Yo no. 

No reconozco en esa mugre a ningún integrante de la Nación Argentina. No acepto ningún "nosotros" con ellos. No son mis compatriotas, no son Patria, ni Libertad, ni República.   

Son el enemigo.


Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha, 
un liberal que no habla de economía.

LA SONRISA DE JAMES COBURN

LA SONRISA DE JAMES COBURN